jueves, 31 de agosto de 2017

De repente...



De repente la mañana se oscureció,
una llovizna manaba de su cuerpo;
De repente su beso me supo a hiel, 
la mentira colgaba de su sonrisa,
sus ojos se nublaron y los míos temblaron
como los relámpagos en alta mar...
No fue suficiente entregarle mi corazón ponderado,
repleto de cicatrices de las derrotas y los triunfos, 
marcadas a fuego por el paso del tiempo;
No fue suficiente poner mi vida a sus pies y entregarle mi mundo. 
Me olvide...
Me olvide una vez más que el amor duele
cuando el otro corazón te cierra la puerta
y sientes el portazo en tus ojos y en tus labios...

De repente la noche amaneció
con la triste noticia del ADIOS.

M. SANCHEZ/agosto 2017
Reservados los derechos.

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