viernes, 18 de agosto de 2017

El tiempo muere...




El tiempo muere en los acantilados de un poema,
en la cuerda floja donde colgamos los versos,
en los zapatos viejos que guardamos,
en los jardines grises y melancólicos.
El tiempo muere para volver a nacer en mi mano
al ritmo de la fuente sonora de la plaza  del pueblo.
Solo la primavera  puede resucitarlo
cada año con el brindis del amor,
con el beso del eterno enamorado,
enterrando las hojas  para no dejar  rastro.
Año tras año, los aplausos de​ la vida ​
abre las heridas que lo ​azotan sin dañar​lo,​
empeñándonos en verle la cara a la luna.
Año tras año, modera y divide cicatrices del pasado,
se apodera de los corazones al compás de su ritmo
crucificando  cada campanada de sus pasos…

Agarrado al mástil de la vida,
el tiempo corre al favor del viento…
El piélago lo arrastra hasta la palma de mi mano.

María Sánchez/ agosto 2017
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